Elmer Bernstein. La música del Hollywood clásico y moderno
Durante cinco décadas, Bernstein compuso bandas sonoras para todos los géneros cinematográficos. Pocos autores de Música de Cine habrá tan versátiles como él. Hablo de Elmer Bernstein y la música del Hollywood clásico y moderno.
Asociar a Bernstein solamente a la partitura de Los Siete Magníficos, sería injusto ya que escribió obras para el Cine Negro, el Drama psicológico, el Western, la Comedia, el Cine Bélico, el Thriller, el Cine de Aventuras o el Melodrama.
En su larga carrera vivió de primera mano todas las transformaciones que sucedieron en Hollywood. Desde sus inicios en pleno auge de los estudios, hasta el surgimiento de las nuevas generaciones de cineastas americanos.
Por su adaptabilidad y creatividad, Elmer Bernstein merece un puesto de honor entre los mejores compositores de bandas sonoras como Vangelis, Alexandre Desplat, Jerry Goldsmith, Dimitri Tiomkin, Lalo Schifrin, Henry Mancini, Hans Zimmer, Howard Shore, Miklós Rózsa, Maurice Jarre, Alberto Iglesias, Nino Rota, Ludwig Göransson o Ennio Morricone.
Repaso en esta entrada la figura de Elmer Bernstein, sus inicios como músico en el cine, su estilo e influencias, sus principales colaboraciones con directores, sus mejores bandas sonoras y la influencia que tuvo en otros músicos de cine posteriores.
1. ¿Quién es Elmer Bernstein?
Bernstein fue uno de los más afamados compositores de bandas sonoras para el cine americano. Algunas de sus obras tuvieron un éxito inmediato y forman parte de la cultura popular de varias generaciones de amantes del cine.
La formación musical de Bernstein estuvo marcada por la tradición clásica europea y vinculada desde muy temprano al piano y a la composición. Sin embargo, pronto empezó a moverse como pez en el agua en las músicas populares y en el jazz.
Esta doble orientación resulta fundamental para comprender su posterior evolución. Bernstein nunca fue un compositor exclusivamente académico ni un autor que utilizara el jazz como simple recurso decorativo. Su lenguaje nació precisamente de la cuidada simbiosis de ambos mundos sonoros.
Durante los años cuarenta comenzó a trabajar en la radio y en otros ámbitos de la industria musical, experiencias que le permitieron familiarizarse con la escritura para imágenes y con las exigencias de la producción audiovisual. La radio, en particular, le proporcionó una escuela de extraordinario valor. En ella aprendió a construir atmósferas mediante el sonido y a sugerir espacios y emociones sin la ayuda de una imagen visible.
2. Los inicios de Elmer Bernstein en el cine
Sus primeros trabajos cinematográficos se desarrollaron en un período dominado todavía por la gran tradición sinfónica de Hollywood. En sus inicios, la influencia de compositores como Max Steiner, Erich Wolfgang Korngold, Alfred Newman o Franz Waxman era todavía evidente. Sin embargo, Bernstein empezaba a percibir que la música de cine podía abrirse a nuevos lenguajes.
Uno de los momentos decisivos de su carrera llegó con El hombre del brazo de oro (1955), dirigida por Otto Preminger, uno de los cineastas europeos emigrados a Hollywood. La película abordaba el mundo de la drogadicción y la marginalidad urbana, y Bernstein comprendió que una partitura sinfónica convencional no habría expresado adecuadamente aquella modernidad crispada.
Su utilización del jazz fue innovadora para el cine americano de la época. El saxofón, las percusiones y las formaciones de jazz introdujeron una sonoridad nerviosa, urbana y psicológica. La música no describía simplemente la vida nocturna: parecía surgir del estado mental del protagonista.
El resultado convirtió a Bernstein en uno de los grandes renovadores de la música cinematográfica estadounidense. A partir de entonces, su carrera quedó marcada por una extraordinaria capacidad para integrar lenguajes diferentes.
3. El estilo musical de Elmer Bernstein
Se pueden identificar en su estilo algunos elementos tales como
3.1. La música como movimiento
Uno de los rasgos más reconocibles del estilo de Bernstein es su sentido del dinamismo. En sus Westerns, esta característica se traduce en ritmos de cabalgata, ostinatos, fanfarrias y amplios movimientos melódicos. No en vano es uno de los grandes de la Música del Oeste. Bernstein utiliza el ritmo para expresar una determinada concepción del espacio. El paisaje cinematográfico no es un decorado inmóvil. Es un territorio que los personajes atraviesan.
En Los siete magníficos, por ejemplo, la música parece empujar literalmente a los personajes hacia adelante. El tema principal no es únicamente una melodía heroica: es una estructura rítmica que convierte el desplazamiento de los jinetes en una experiencia épica.
3.2. El poder de la melodía
Las mejores partituras de Elmer Bernstein contienen temas con vida propia, es decir, que sobreviven fuera de la película, llegando algunos de ellos a convertirse en iconos culturales. Pero su melodismo nunca es gratuito sino que sus melodías se transforman según la evolución dramática del relato.
El leitmotiv o tema asociado a un personaje puede adquirir otra instrumentación, cambiar de tonalidad, fragmentarse o aparecer incompleto. Así, la música participa de la dramaturgia.
3.3. Ritmo y percusión
La percusión ocupa un lugar privilegiado en su lenguaje. Bernstein entendía el ritmo como un elemento capaz de expresar tanto la acción física como la tensión psicológica.
Sus partituras más enérgicas utilizan baterías, cajas, timbales y percusiones de manera particularmente incisiva. En ocasiones, el ritmo parece anteceder a la imagen: la música prepara al espectador para un acontecimiento antes de que este se produzca.
3.4. La integración del jazz
El jazz fue una de las grandes aportaciones de Bernstein a la música cinematográfica. Su aproximación no consistía simplemente en introducir una banda de jazz dentro de una partitura sinfónica. Lo verdaderamente interesante fue la integración de sus principios.
El jazz aportaba síncopas, desplazamientos acentuales, improvisación y una concepción más flexible del ritmo. Bernstein utilizó estos recursos para representar mundos urbanos, personajes marginales o situaciones de inestabilidad emocional.
3.5. La ironía musical
Otra faceta fundamental de Bernstein es su sentido del humor. En películas como La gran prueba, Los cazafantasmas o ¡Aterriza como puedas! la música funciona de manera irónica. Bernstein comprende que la solemnidad musical, colocada sobre una imagen absurda, puede generar un efecto cómico extraordinario.
Esta capacidad demuestra que dominaba perfectamente los códigos de la música sinfónica hollywoodiense y podía utilizarlos para subvertirlos.
4. Referentes musicales de Elmer Bernstein
La obra de Bernstein se alimenta de fuentes muy diversas. En primer lugar, de la tradición sinfónica europea. El compositor conocía profundamente la escritura orquestal y la construcción temática heredada de los grandes autores románticos y posrománticos.
También resulta esencial la tradición musical estadounidense. Bernstein comprendió que el cine de su país necesitaba desarrollar una identidad sonora propia, y para ello recurrió a materiales procedentes del jazz, el blues y la música popular. En sus Westerns se aprecian aires del folk americano, aunque Bernstein no se limita a apuntar melodías populares, sino que construye una mitología musical del Oeste.
5. Colaboración de E. Bernstein con directores de cine
La carrera de Bernstein está marcada por unas de las colaboraciones compositor-director más importantes del cine estadounidense.
5.1. Otto Preminger
La relación con Preminger fue fundamental para la evolución de Bernstein. El hombre del brazo de oro demuestra hasta qué punto el director estaba dispuesto a permitir una música moderna y arriesgada.
Preminger comprendía la importancia del sonido como elemento estructural y permitió que Bernstein desarrollara una partitura radicalmente contemporánea.
5.2. Cecil B. DeMille
Con DeMille trabajó en Los diez mandamientos. El proyecto exigía una música monumental, capaz de sostener una narración épica y religiosa.
Bernstein respondió con una escritura de gran amplitud orquestal, pero también con una atención especial a los personajes y a los conflictos dramáticos.
5.3. John Sturges
La colaboración con Sturges produjo algunas de las obras más populares de Bernstein: Los siete magníficos y La gran evasión.
En ambos casos, la música se convierte en motor narrativo. La acción cinematográfica parece inseparable del ritmo musical.
5.4. John Landis
En una etapa posterior, Bernstein colaboró con Landis en películas como Desmadre a la americana, Entre pillos anda el juego y Un hombre lobo americano en Londres.
La relación resulta especialmente interesante porque demuestra la capacidad de Bernstein para dialogar con una nueva generación de cineastas y con un cine de tono más irreverente.
5.5. Martin Scorsese
Su trabajo en La edad de la inocencia de Martin Scorsese revela otra faceta del compositor. Aquí desaparece la exuberancia rítmica de sus westerns y emerge una música delicada, refinada y profundamente melancólica.
La partitura comprende el mundo emocional de los personajes y, al mismo tiempo, la rigidez social que les impide expresar libremente sus deseos.
6. Mejores bandas sonoras de Elmer Bernstein
6.1. El hombre del brazo de oro (1955) de Otto Preminger
Esta película constituye uno de los puntos de inflexión de la historia de la música de cine estadounidense. Frankie Machine, interpretado por Frank Sinatra, es un hombre que intenta reconstruir su vida tras salir de la drogadicción. La historia se desarrolla en un universo urbano y claustrofóbico y la partitura de Bernstein tiene una función dramática decisiva.
Precisamente, uno de los mayores logros consiste en no convertir la adicción en una simple cuestión narrativa. El ritmo musical expresa la compulsión, la ansiedad y la imposibilidad de escapar.
La secuencia de los títulos de crédito, diseñada por Saul Bass, es inseparable de la música. Las formas gráficas fragmentadas encuentran correspondencia en los ritmos quebrados de Bernstein. La música parece construir visualmente la personalidad del protagonista.
El tema principal de El Hombre del Brazo de Oro posee una energía casi obsesiva. Su repetición adquiere una dimensión psicológica: cuanto más avanza la película, más entendemos que el protagonista está atrapado en una estructura mental de la que resulta difícil salir.
6.2. Los diez mandamientos (1956) de Cecil B. DeMille
Bernstein se enfrenta aquí a una de las grandes superproducciones de Hollywood. La música debía acompañar la monumentalidad visual de DeMille, pero también construir una dimensión espiritual. Con una escritura sinfónica amplia, coros y grandes masas orquestales, consigue diferenciar lo humano de lo divino. La imagen muestra el milagro; la música nos hace sentir su dimensión trascendente.
Los momentos asociados a Moisés adquieren una dimensión solemne y expansiva, mientras que las escenas de conflicto político y persecución presentan una energía más dramática. El pasaje de la apertura del mar Rojo constituye uno de los ejemplos más impresionantes de la concepción musical del espectáculo en Bernstein. La música de Los 10 Mandamientos crece progresivamente hasta alcanzar una intensidad que convierte el acontecimiento bíblico en experiencia cinematográfica.
6.3. Los siete magníficos (1960) de John Sturges
Pocas bandas sonoras han conseguido definir con tanta claridad el género al que pertenecen. La película de Sturges es una adaptación de Los siete samuráis de Akira Kurosawa. A pesar de ello, Bernstein construye una identidad sonora genuinamente estadounidense.
El tema principal de Los Siete Magníficos es probablemente la obra más reconocible de toda su carrera. Su fuerza procede de una combinación extraordinaria de ritmo, instrumentación y melodía. La música parece cabalgar junto a los protagonistas. Así, la secuencia inicial adquiere gracias a la partitura una dimensión casi mitológica. Bernstein transforma un simple desplazamiento narrativo en una presentación heroica.
Pero la película también demuestra que el compositor sabía utilizar la música para expresar vulnerabilidad. Los siete hombres son figuras aparentemente invencibles, pero la partitura introduce momentos de lirismo y melancolía que revelan la fragilidad de su aventura.
El tema principal representa la épica; los pasajes más íntimos representan el precio de esa épica. Bernstein utiliza metales brillantes, percusión marcada y una escritura rítmica extremadamente precisa. El resultado se convirtió en una plantilla para buena parte del cine de aventuras posterior.
6.4. La gran evasión (1963) de John Sturges
Bernstein desarrolla en este caso una partitura fundamental para comprender su concepción del movimiento. La película narra la fuga de un grupo de prisioneros aliados durante la Segunda Guerra Mundial. La música debía transmitir simultáneamente el encierro y el deseo de libertad.
El tema principal de La Gran Evasión posee una energía contagiosa. Sin embargo, su significado dramático se transforma a medida que avanza la película. Durante la preparación de la fuga, la música transmite entusiasmo y camaradería. Los personajes construyen túneles, organizan planes y fabrican objetos clandestinos. Bernstein convierte estas actividades en una especie de ballet narrativo en el que montaje y música se complementan
La partitura también contiene una ironía amarga. La alegría del tema contrasta con el destino de algunos personajes. La música celebra la libertad mientras la imagen recuerda constantemente que escapar no significa necesariamente sobrevivir.
Uno de los aspectos más interesantes de la banda sonora es su relación con el espacio. Los túneles, las alambradas y los caminos clandestinos forman una geografía de la libertad. Bernstein musicaliza el movimiento hacia fuera.
6.5. Valor de ley (1969) de Henry Hathaway
Este western de Henry Hathaway presenta una de las facetas más maduras de Bernstein. La película gira alrededor de la venganza, la justicia y la memoria. El personaje de Rooster Cogburn, interpretado por John Wayne, es un hombre envejecido y contradictorio, cercano al Antihéroe moderno.
Bernstein evita presentar el Oeste como un territorio exclusivamente heroico y por ello imprime a la música de Valor de Ley un tono elegíaco. El paisaje ya no es solamente espacio de aventura: es también un lugar de desaparición.
La secuencia del viaje nocturno y los momentos de viaje están construidos sobre una relación profundamente expresiva entre paisaje y música. El compositor comprende que el western de finales de los años sesenta ya no puede ser ingenuamente triunfalista así que lo convierte en una reflexión sobre el final de una época.
6.6. Un hombre lobo americano en Londres (1981) de John Landis
Bernstein no elude la Película de Terror, pero la aborda desde una perspectiva completamente distinta. La música de Un hombre lobo americano en Londres no intenta convertir cada escena en una experiencia de horror convencional. Landis mezcla terror y comedia negra, y Bernstein responde con una partitura que comprende esa ambigüedad.
Uno de los grandes aciertos de esta banda sonora consiste en el tratamiento de las escenas de transformación. El body horror de la película necesita una música que no resulte excesivamente solemne. Así que Bernstein construye una atmósfera que permite al espectador experimentar simultáneamente repulsión, tensión y humor.
6.7. Entre pillos anda el juego (1983) de John Landis
Esta película ofrece otra muestra de la capacidad de Bernstein para musicar la comedia. Desde el minuto uno él entiende que la música debe participar en el juego de identidades, engaños y apariencias que sostiene la narración. Por este motivo, la partitura utiliza recursos asociados a la música de suspense y al thriller, pero los coloca en un contexto cómico para generar una ironía constante.
La música de Entre Pillos anda el Juego trata a los personajes como si estuvieran protagonizando una historia de enorme trascendencia, mientras la película revela progresivamente el carácter absurdo del mundo que habitan. Pero no pensemos que Bernstein se burla de la música de género: la utiliza con absoluto conocimiento de sus códigos y por ello el efecto cómico resulta tan eficaz.
6.8. La edad de la inocencia (1993) de Martin Scorsese
Esta película representa uno de los trabajos más refinados de la última etapa de Bernstein. Martin Scorsese recrea el Nueva York de la alta sociedad del siglo XIX, un mundo regido por códigos sociales rígidos donde el deseo individual debe someterse a las apariencias. A todo ello responde Bernstein con una partitura elegante y contenida que parece construida sobre la tensión entre lo que los personajes sienten y aquello que pueden expresar.
Uno de logros de la banda sonora de La Edad de la Inocencia consiste en comprender que el verdadero conflicto de la película no es externo, sino interior. Los personajes viven rodeados de belleza, pero esa belleza también funciona como una prisión. Bernstein musicaliza esa paradoja mediante una escritura refinada que puede parecer inicialmente decorativa, pero que adquiere progresivamente una profunda dimensión dramática.
7. La influencia de E. Berstein en otros músicos de cine
La influencia de Elmer Bernstein sobre generaciones posteriores de compositores es considerable y se basa en dos premisas. En primer lugar, Bernstein demostró que la música cinematográfica podía incorporar lenguajes contemporáneos sin abandonar la tradición sinfónica. Así, su trabajo en El hombre del brazo de oro abrió caminos para la utilización del jazz y de otros lenguajes populares en el cine. En segundo lugar, su manera de escribir para el Western tuvo una influencia extraordinaria. La música de aventura posterior heredó de Bernstein una determinada concepción del ritmo: temas amplios, percusión poderosa y melodías capaces de expresar movimiento.
Su influencia se percibe claramente en compositores posteriores como John Williams, James Horner o Bruce Broughton, aunque cada uno desarrollara posteriormente un lenguaje propio. La relación de Berstein con Williams es especialmente significativa. Ambos comparten una concepción melódica de la música cinematográfica y una enorme capacidad para construir temas reconocibles. En realidad, Bernstein puso los cimientos del lenguaje musical que Williams llevaría posteriormente a una nueva dimensión.
En una época en la que la especialización se ha convertido en una característica habitual de la industria, Bernstein representa una concepción más amplia del compositor de cine: un creador capaz de comprender la película que tiene delante y modificar su lenguaje en función de ella.





