Cineastas europeos en Hollywood
Con la llegada de profesionales del cine centroeuropeo, Hollywood dejó de ser exclusivamente americano para convertirse en un auténtico cruce de tradiciones culturales. Hablo de los cineastas europeos que llegaron a Hollywood y lo dinamizaron.
Los europeos introdujeron influencias del teatro de Max Reinhardt, de la pintura expresionista, de la arquitectura modernista, de la literatura de Franz Kafka, Thomas Mann o Stefan Zweig, de la música sinfónica centroeuropea y de la filosofía continental. Los directores de fotografía transformaron el uso dramático de la iluminación. Los guionistas incorporaron personajes mucho más contradictorios y moralmente complejos. Los realizadores modificaron la manera de mover la cámara y de construir el espacio cinematográfico. La consecuencia fue una auténtica hibridación artística.
Resulta paradójico que el «estilo clásico de Hollywood», sea en realidad el fruto del diálogo entre la eficiencia industrial americana y la sofisticación estética europea. Ese mestizaje explica por qué muchas de las obras maestras producidas en California durante las décadas de 1940 y 1950 poseen una sensibilidad visual que remite directamente al cine alemán de entreguerras.
Cineastas alemanes y austriacos que desembarcaron en Hollywood
De entre el numeroso grupo de exiliados, hubo de todo. Desde grandes figuras que ya eran prestigiosos cineastas en busca de nuevos proyectos hasta aquéllos que en los años 30 decidieron no colaborar con el Nazismo; unos se mudaron a América en busca de oportunidades de trabajo; otros tuvieron que huir con lo puesto e hicieron toda su carrera en Estados Unidos. Unos revolucionaron la dirección, otros la fotografía, el guion o la música cinematográfica, pero todos contribuyeron a transformar Hollywood desde dentro. Veamos algunos de ellos.
Friedrich Wilhelm Murnau
Como casi todos los creadores de su generación, empezó en el teatro de Max Reinhardt. Su filmografía no es muy extensa, sin embargo, fue un creador potente y enormemente influyente. La Alemania de los años veinte fue un caldo de cultivo fenomenal para artistas de todo tipo. F.W. Murnau no fue ajeno a la efervescencia cultural que se vivía y jugó un papel clave como director. Eran los momentos más brillantes del Expresionismo alemán.
Su éxito y prestigio en su país de origen le llevaron a Hollywood, donde trabajó entre 1926 y 1931. Allí realizó Amanecer (1927), una obra maestra que recibió uno de los primeros premios Oscar que se concedieron.
Fritz Lang
Fritz Lang representa mejor que ningún otro la unión entre el cine europeo y el Hollywood clásico. Nacido en Viena en 1890, se formó como pintor y arquitecto antes de dedicarse al cine. Durante la República de Weimar se convirtió en uno de los grandes nombres del cine mundial. A pesar de ser tentado por el nazismo para dirigir la cinematografía de su país, Lang eligió no colaborar y huyó primero a París y luego a EEUU.
Cuando Lang comenzó a trabajar para los grandes estudios estadounidenses, no modificó su forma de entender el cine. Por el contrario, consiguió adaptar su lenguaje visual al sistema industrial de Hollywood. Su cine americano conservó las características esenciales de su etapa alemana en la utilización dramática de las sombras, en sus personajes dominados por la fatalidad y en sus estructuras narrativas de enorme precisión.
Ernst Lubitsch
Nacido en Berlín, desde muy joven empezó a trabajar en el teatro de Max Reinhardt como actor. En la década de 1910 hasta 1920 escribió y dirigió muchas películas en Alemania, lo que hizo que se incorporara a principios de los años 20 a la industria Hollywoodiense como un reputado director.
El éxito acompañó a Ernst Lubitsch allí donde fue. Tanto en su Alemania natal antes de marchar como en los EEUU. En su país de acogida se consolidó como director de elegantes comedias en la que no faltaba su famoso toque Lubitsch.
Billy Wilder
Nacido en 1906 en una región del Imperio austrohúngaro y criado en Viena, trabajó en Berlín durante los últimos años de la República de Weimar, colaborando en algunos de los mejores guiones de la época. Pero su condición de judío hizo imposible permanecer en Alemania tras 1933 y vivió en carne propia la persecución ya que varios miembros de su familia murieron en campos de concentración
Cuando Billy Wilder llegó a Estados Unidos no dominaba el inglés, así que durante los primeros años apenas pudo trabajar como guionista. Sin embargo, su gran talento para el diálogo y la construcción dramática terminó imponiéndose. Con el tiempo sería considerado uno de los mejores guionistas de toda la historia del cine con sus personajes contradictorios.
Fred Zinnemann
También era judío Fred Zinnemann, que nació en Viena en 1907 y que abandonó Europa poco antes de la guerra. Su familia no tuvo tanta suerte y no consiguió escapar del Holocausto.
Su cine sustituyó al héroe clásico por un héroe marcado por la ética de la responsabilidad individual. Para muestra bien vale un botón: su película Solo ante el peligro (1952) así lo atestigua. El miedo colectivo, la cobardía social y la obligación moral de actuar constituyen algunos de los grandes temas heredados de su experiencia europea.
Otto Preminger
Como Zinnemann, Otto Preminger nació en el seno de una familia judía de Viena. Antes de dedicarse plenamente al cine trabajó en el teatro que dirigía Max Reinhardt, experiencia que le ayudó a desarrollar su extraordinaria técnica de dirección de actores.
Preminger introdujo en Hollywood una puesta en escena extraordinariamente fluida basada en largos planos secuencia y movimientos de cámara casi invisibles. Su objetivo consistía en que el espectador decidiera dónde mirar, evitando el montaje excesivamente fragmentado. Fue también uno de los primeros realizadores estadounidenses en desafiar abiertamente el Código Hays.
Robert Siodmak
Robert Siodmak nació en Dresde en 1900, en el seno de una familia judía. Antes de abandonar Alemania ya había codirigido una de las películas más innovadoras del cine europeo, Gente en domingo (1930). Aquella producción semi-documental, realizada con actores no profesionales, anunciaba ya un interés por el realismo que posteriormente evolucionaría hacia formas mucho más sombrías.
Tras la llegada del nazismo abandonó Alemania, pasó por Francia y finalmente recaló en Hollywood durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Allí trabajó en producciones que parecen construidas a partir de la luz y la sombra. Las escaleras interminables, los callejones nocturnos, las habitaciones iluminadas únicamente por persianas venecianas o las siluetas recortadas contra ventanas forman parte de un universo visual que hoy identificamos inmediatamente con el Cine Negro clásico.
Douglas Sirk
Nacido como Hans Detlef Sierck en Hamburgo en 1897, desarrolló una brillante carrera teatral antes de incorporarse al cine alemán. Su esposa era judía y su situación dentro del régimen nazi se volvió cada vez más complicada. Finalmente abandonó Alemania en 1937 y terminó instalándose en Estados Unidos.
Menospreciado inicialmente como creador de folletines, fue reivindicado más adelante por cineastas como Rainer Werner Fassbinder, Martin Scorsese, Todd Haynes o Pedro Almodóvar. Y es que Sirk utilizó el melodrama para hablar del conformismo, la represión emocional, las diferencias de clase, el racismo y la hipocresía de la América suburbana. En sus películas el color se convirtió en un instrumento narrativo.
Max Ophüls
Nacido en Saarbrücken en 1902 dentro de una familia judía, inició su carrera en el teatro antes de convertirse en uno de los realizadores más refinados del cine europeo. El Nazismo forzó su exilio que lo llevó por Francia, Italia, Suiza y finalmente Hollywood.
Pocos directores han utilizado el travelling con semejante virtuosismo. Mientras otros empleaban la cámara para registrar la acción, Ophüls hacía que la cámara bailara alrededor de los personajes. Sus movimientos son fluidos, envolventes y extraordinariamente elegantes y con ellos era capaz de expresar el paso del tiempo, la fugacidad del amor o la imposibilidad de recuperar el pasado.
Edgar G. Ulmer
Quizá sea uno de los creadores más desconocidos. Trabajó como escenógrafo junto a Max Reinhardt y colaboró con Fritz Lang y Friedrich Wilhelm Murnau antes de dejar Alemania.
Su carrera en Hollywood no fue demasiado exitosa y los grandes estudios lo condenaron durante décadas a dirigir películas de serie B. Precisamente esa limitación económica convirtió a Ulmer en uno de los realizadores más imaginativos del cine clásico. Con muy pocos decorados y una iluminación magistral consiguió construir atmósferas de enorme intensidad dramática. Su dominio del espacio cinematográfico fue extraordinario.
Karl Freund
Karl Freund ya era una leyenda de la fotografía cinematográfica antes de abandonar Alemania. Allí firmó algunas de las obras maestras del expresionismo, entre ellas El último (1924) y Metrópolis (1927).
Freund introdujo en Hollywood numerosos procedimientos desarrollados durante su etapa alemana. Utilizó cámaras mucho más móviles, así como grúas para mover la cámara, lo que le permitió mejorar ostensiblemente el travelling.
También desarrolló una iluminación mucho más expresiva. Las atmósferas del cine fantástico de Universal, con sus sombras profundas y decorados monumentales, deben muchísimo a su talento. Décadas después sería también uno de los pioneros de la televisión multicámara, demostrando una vez más su extraordinaria capacidad de innovación técnica.
Erich Wolfgang Korngold
Fue un niño prodigio de la música en su país, pero como judío, comprendió muy pronto que el futuro de Austria bajo el nazismo sería incompatible con su supervivencia así que aceptó una oferta de Hollywood y nunca volvió definitivamente a Europa.
Erich Wolfgang Korngold transformó por completo la Música de Cine. Él comenzó a escribir auténticas partituras sinfónicas en las que cada personaje tenía su propio tema, cada escena tenía sus variaciones musicales y cada secuencia alcanzaba una dimensión épica.
Toda la música de aventuras escrita posteriormente por John Williams, Jerry Goldsmith o James Horner mantiene una evidente deuda con Korngold.
Franz Waxman
Franz Waxman huyó de Alemania tras sufrir una brutal agresión por parte de simpatizantes nazis. Se instaló primero en Francia y posteriormente en Hollywood, donde desarrolló una carrera extraordinaria.
Como compositor de bandas sonoras, Waxman poseía una capacidad excepcional para convertir la música en un elemento psicológico. Su partitura para Rebeca (1940) de Alfred Hichtcock envuelve la mansión de Manderley en una atmósfera de misterio permanente, mientras que en El crepúsculo de los dioses (1950) acompaña la decadencia de Norma Desmond con una intensidad casi operística.
Otros cineastas europeos que se incorporaron a las filas de Hollywood
Son muchísimos los emigrados de Centroeuropa que trabajaron y enriquecieron el cine americano. Algunos de los más destacados son:
Michael Curtiz
Nacido como Mihály Kertész en Budapest en 1886, ya era un director prestigioso mucho antes de instalarse en Estados Unidos. Había trabajado en Hungría, Austria y Alemania dirigiendo decenas de películas y dominando todos los géneros imaginables. Warner Bros. lo convirtió en uno de sus principales realizadores. Podía rodar aventuras, musicales, dramas históricos, cine negro o películas románticas con idéntica solvencia.
Pocas películas representan mejor la experiencia de los refugiados europeos que Casablanca (1942). Más que una historia de amor, la película muestra un puñado de personas desplazadas, perseguidas y obligadas a abandonar su país. El café de Rick es un espacio donde conviven nacionalidades, lenguas y culturas distintas, es decir, un remedo del Hollywood de aquellos años. Además, muchos de sus actores tales como Paul Henreid, Conrad Veidt, Peter Lorre, S. Z. Sakall o Marcel Dalio, habían vivido experiencias muy similares a las de los personajes que interpretaban.
Alexander Korda
Aunque desarrolló la mayor parte de su carrera en el Reino Unido, su influencia sobre Hollywood fue enorme.Comenzó su carrera como director en Hungría, pero la inestabilidad política y el antisemitismo creciente le obligaron a abandonar el país.Durante años trabajó en distintos lugares de Europa antes de establecerse definitivamente en Londres.Allí instalado produjo numerosas películas estadounidenses y colaboró estrechamente con Hollywood.
Korda fue uno de los primeros productores europeos capaces de competir con los grandes estudios norteamericanos. Su gusto por las producciones de gran formato y el refinamiento artístico influyó notablemente en la evolución del cine histórico y de aventuras.
Anatole Litvak
Anatole Litvak nació en Kiev en 1902, cuando la ciudad todavía pertenecía al Imperio ruso. Tras iniciar su carrera en Alemania y Francia, la expansión del nazismo lo obligó a trasladarse a Estados Unidos. Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró activamente con el ejército estadounidense realizando documentales de propaganda y formación militar.
Aquella experiencia marcó definitivamente su cine. De hecho, fue uno de los primeros realizadores en advertir al público norteamericano sobre el peligro del nazismo. Confesiones de un espía nazi (1939) constituye uno de los grandes alegatos antifascistas producidos por Hollywood antes de la entrada oficial de Estados Unidos en la guerra.
André de Toth
Nació en Budapest en 1913. Perdió un ojo siendo joven, circunstancia que no le impidió convertirse en uno de los directores más personales del cine estadounidense. De Toth se especializó en personajes moralmente contradictorios, alejados del heroísmo tradicional. Sus westerns y thrillers muestran un profundo escepticismo hacia la naturaleza humana.
A pesar de su minusvalía, años después dirigiría una de las películas emblemáticas del cine en tres dimensiones, pese a no poder percibir el relieve estereoscópico.
Miklós Rózsa
Miklós Rózsa representa otro de los grandes nombres surgidos de Europa Central que pusieron su talento al servicio del cine. Formado en Leipzig y Budapest, llegó a Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial.
Su música unía la tradición sinfónica centroeuropea con una enorme capacidad dramática. Especialmente memorable resulta su colaboración con Alfred Hitchcock en Recuerda (1945), donde empleó el theremín para representar musicalmente los trastornos psicológicos del protagonista. En Ben-Hur (1959), compuso una de las partituras más monumentales de toda la historia del cine.
Ésta es solo una pequeña selección de profesionales europeos empleados en la industria cinematográfica americana. Sin embargo, son muchísimos más los que contribuyeron al desarrollo de la época dorada del cine clásico. Entre ellos cabe recordar al guionista Curt Siodmak, cuya imaginación resultó decisiva para el desarrollo del cine fantástico de Universal con títulos como El hombre lobo (1941), así como a directores de fotografía, montadores, decoradores y técnicos cuya formación europea elevó notablemente el nivel artístico del sistema de estudios.





