La generación de cineastas españoles de los noventa. Mis películas favoritas
Tras la transformación ocurrida durante la Transición, el cine español entró en una nueva época rompiendo en buena medida los moldes narrativos anteriores. Hablamos de la nueva generación de cineastas españoles de los noventa, esa que vivió en una España diferente, democrática y urbana y que se sumergió en la cultura audiovisual global.
1. Las nuevas generaciones de directores de cine españoles
Quien busque en esta generación de los noventa un movimiento homogéneo o un manifiesto colectivo, no lo encontrará. ¿Qué es lo que une a estos jóvenes directores de esta ola? Cada uno con su propio punto de vista, todos ellos coinciden en una sensibilidad. Sus películas reflejan el desencanto posterior a la Transición, el impacto de la televisión y de los cambios de consumo de la misma, la expansión de la cultura pop, las nuevas tecnologías y la llegada de nuevas formas de comunicación.
Frente al realismo social clásico o al academicismo anterior, estos cineastas apostaron por un lenguaje visual más agresivo y contemporáneo. El Thriller, el Terror, la Comedia y el Melodrama se mezclaron con referencias cinéfilas internacionales. Eso sí, siempre pasadas por el tamiz de la idiosincrasia española.
Directores como Julio Medem, Juanma Bajo Ulloa, Álex de la Iglesia, Fernando León de Aranoa, Alejandro Amenábar o Icíar Bollaín redefinieron el mapa cinematográfico nacional. Bajo sus nuevas formas de representar la vida, sus películas despertaron el interés del público joven por el cine español.
2. Contexto social y cultural de los cineastas españoles de los noventa
Para comprender mejor a esta generación es bueno examinar el contexto socio-político y cultural del país de finales de los años ochenta y principios de los noventa.
España atravesaba un periodo de modernización acelerada. Al tiempo que las grandes ciudades españolas experimentaban una intensa transformación urbana y cultural, España se integró en el marco europeo. De nuevo el país no estaba descolgado del mundo.
La llamada Movida madrileña había dejado una huella decisiva en la sensibilidad artística nacional. Aunque muchos de estos cineastas no se encuadran en el movimiento, sí se impregnaron de su espíritu: irreverencia estética y eclecticismo cultural
También fue fundamental la expansión de la televisión privada. La cultura audiovisual se volvió omnipresente. El videoclip, la publicidad y las retransmisiones televisivas comenzaron a influir directamente en la gramática cinematográfica.
Además, la generación de los noventa creció consumiendo cine estadounidense de manera masiva. Spielberg, Scorsese, Carpenter, Cronenberg, Kubrick o Tarantino convivían en el imaginario cinéfilo con los grandes del cine español como Bardem, Buñuel, Saura o Berlanga.
El resultado de este crisol fue un cine enraizado en España pero formalmente conectado con tendencias internacionales.
3. Narrativa audiovisual de los cineastas españoles de los noventa
El cine español de los noventa desarrolló una estética reconocible basada en la mezcla de géneros, la estilización visual y el protagonismo de personajes marginales o emocionalmente fracturados. Sus principales características son:
3.1. Hibridación genérica
Uno de los rasgos fundamentales fue la combinación constante de registros narrativos. La comedia convivía con el terror, el drama psicológico con el cine fantástico y el thriller con el esperpento.
Álex de la Iglesia, por ejemplo, convirtió el caos genérico en una forma de identidad cinematográfica. Amenábar mezcló suspense hitchcockiano con reflexión filosófica. Medem fusionó simbolismo poético y drama histórico.
3.2. Influencia del lenguaje televisivo y publicitario
La velocidad del montaje en comparación al cine español precedente tomó carta de naturaleza. Muchos directores incorporaron recursos visuales procedentes del videoclip y la publicidad: cámaras móviles, montaje fragmentado, iluminación expresionista y una fuerte estilización cromática.
3.3. Personajes inadaptados
Los protagonistas suelen ser individuos desplazados o socialmente desubicados. La normalidad rara vez ocupa el centro del relato. El sacerdote paranoico de El día de la Bestia, la estudiante de Tesis o los personajes errantes de Hola ¿estás sola? reflejan una sociedad donde la identidad parece fragmentada.
4. Mis películas españolas favoritas de los Noventa
4.1.Vacas (1992) de Julio Medem
Protagonizada por un reparto estelar, encabezado por Carmelo Gómez, Emma Suárez, Ana Torrent y Karra Elejalde. Recorre la historia entrelazada de tres generaciones de dos
familias vecinas en el País Vasco rural, entre 1875 y 1936. Se estructura así en 4 capítulos.
Capítulo 1: El aizkolari cobarde (1875)
Capítulo 2: Las Hachas (1905)
Capítulo 3: El agujero encendido (1915)
Capítulo 4: Guerra en el bosque (1936)
Con claras reminiscencias simbólicas y surrealistas, las vacas se convierten en un símbolo culpable de las bajas pasiones y debilidades de ambas familias a lo largo de su historia.
La ambición de Médem es tanto textual como formal. El relato intergeneracional abarca un espectro histórico muy amplio y complejo, a través de múltiples personajes. Su riqueza semántica es tremendamente novedosa en el cine español de la época. Las vacas, los árboles, las pinturas, la cámara de fotos, la corta de troncos y demás elementos vehiculan el relato y las relaciones entre los personajes.
La fuerza visual con la que retrata, a modo de poema surreal, el espacio rural vasco ha influenciado a muchos cineastas que, sin embargo, ninguno ha podido emular con éxito. No es una película de fantasía, pero la forma de emplazar y mover la cámara, de sugerir misterios (el bosque como un portal a otro universo) y de evocar una suerte de magia y de dimensión sobrenatural que no están realmente ahí, desde los elementos mundanos que describe, hace que su realidad lo parezca.
4.2. Alas de Mariposa (1991) de Juanma Bajo Ulloa
Juanma Bajo Ulloa hipotecó su casa a los 23 años para hacer su primera película, Alas de Mariposa (1991), que le valió el Goya al Mejor Director Novel y al Mejor Guion Original. Con los ingresos de su opera prima financió la segunda película: La Madre Muerta (1993)
Sus dos primeras películas se caracterizan por su estilo barroco, poseedor de un particular tono de cuento infantil siniestro. Además, la fuerza expresiva de sus imágenes era poco común en el panorama cinematográfico español.
Su ópera prima es una claustrofóbica e intimista historia de gran impronta estética. Un matrimonio del norte de humilde condición suspira por tener un hijo, pero el destino les da una niña. Poco tiempo después, sin embargo, nace el ansiado varón. Conforme éste crece, la madre y su hija mayor desarrollan una compleja relación de amor odio.
Narra la descomposición de una familia por culpa de las tradiciones y por el contexto histórico en la que se basa. Todos los temas derivan en la violencia sistemática hacia la mujer. En su mezcla de cuento infantil y drama desolador hay detalles estéticos y narrativos muy originales y novedosos en el cine de su época.
4.3. El día de la Bestia (1995) de Álex de la Iglesia
Ángel, un sacerdote, cree haber encontrado el mensaje secreto del Apocalipsis que avecina la llegada del anticristo el 25 de diciembre de 1995 en Madrid. Convencido de que debe impedir su nacimiento, viaja a la capital y se alía con un aficionado al heavy metal para
contactar con el diablo, venderle su alma y finalmente asesinar a su hijo.
La segunda película de Alex de la Iglesia se convirtió en un hito del cine español.
El dúo protagonista, una especie de Quijote y Sancho Panza, formado por Álex Angulo y Santiago Segura, recorren un Madrid violento y deshumanizado en plena Navidad, provocando el caos. Madrid es retratado como la capital del mal, con un tono esperpéntico y berlanguiano. Tiene tanto elementos reales de la ciudad, como la violencia en las calles contra la pobreza, como otros ficcionados como la imaginería satánica de lugares emblemáticos de la ciudad.
Alex de la Iglesia resucita el cine fantástico en España, tras una larga temporada en la que este género estaba prácticamente extinto. Es tal la popularidad de El día de la bestia que se escriben cómics sobre la película. También se plantea un remake norteamericano con Nueva York como escenario principal.
Se convierte en marca de estilo de su director, aunque nunca vuelve a hacer una película de género tan concreta como ésta.
4.4. Hola ¿estás sola? (1995) de Icíar Bollaín
Debut en la dirección de largometrajes de Icíar Bollaín, con guion coescrito con Julio Medem.
La película trata de dos chicas, Niña y Trini, que deciden abandonar su vida en Valladolid por problemas de convivencia y alquiler.
Se convierten en animadoras en un hotel de Málaga. Después, se mudan a Madrid. Y finalmente, regresan al sur para abrir un chiringuito. El vaivén de la trama y los secundarios con los que se topan las protagonistas reflejan a la nueva juventud española, en busca de una estabilidad que se escurre entre sus manos.
Aunque la película esté alejada, tanto en guion como en dirección, del cine que popularizó a su directora, ésta sienta un precedente para la nueva generación de directoras españolas. Ambos personajes buscan en su viaje a las figuras que les hicieron falta en el pasado, o aquellas que las defraudaron. Muestra las subidas y bajones de la energía juvenil, del deseo de mantenerse estático y en movimiento, de encontrar los espacios vacíos y sus rellenos.
Aunque su tono no sea dramático, sí es cine social y también una de mis Road Movies españolas favoritas. De sus dos protagonistas, la que más carrera tuvo fue Candela Peña, mientras que Silke apenas tuvo recorrido como actriz en los 90 y en la primera década de los 2000.
4.5.Tesis (1996) de Alejandro Amenábar
Ángela es estudiante de Imagen y Sonido en la Complutense. Su tesis doctoral trata sobre la violencia en el cine, así que se alía con Chema, otro estudiante obsesionado con el cine violento. Como complemento para su trabajo, el director de tesis de Ángela, se compromete a conseguirle material violento de la facultad. Al día siguiente de buscar los videos, Ángela halla a su tutor muerto de un infarto en la sala de proyección. La estudiante roba el casete del video y descubre que se trata de una película snuff, en la que aparece una exalumna de la facultad siendo torturada y asesinada.
La primera película de Alejandro Amenábar supone otro hito del cine español.
Siguiendo la tesis de la protagonista, la película desafía al espectador por medio de sus imágenes y del sonido, jugando contantemente con el fuera de campo. La película se vuelve entonces un estudio incisivo sobre el poder de las imágenes y la responsabilidad de quien las consume. Amenábar logra implicar al espectador, hacerlo partícipe y cómplice de esa mirada que observa, juzga y desea.
Heredera de thriller de Hitchcock y De Palma, Amenábar dirige Tesis con creatividad y mucha inocencia. Fusiona el thriller con elementos de terror con un triángulo amoroso propio de culebrón universitario.
5. Influencia de los cineastas españoles de los noventa en las generaciones posteriores
La influencia de esta generación sobre el cine español posterior resulta inmensa. Muchos de los cineastas contemporáneos más relevantes crecieron bajo el impacto de estas películas.
Directores como J. A. Bayona, Rodrigo Sorogoyen, Alberto Rodríguez, Nacho Vigalondo, Carlos Vermut o Carla Simón heredaron parte de esa libertad formal y esa voluntad de hibridación genérica.
Álex de la Iglesia legitimó definitivamente el cine de género dentro de la industria española. Amenábar abrió caminos internacionales para el thriller psicológico. Medem demostró que era posible desarrollar un universo autoral profundamente personal. Icíar Bollaín consolidó nuevas perspectivas narrativas sobre identidad femenina y conflicto social.
Además, esta generación contribuyó decisivamente a renovar la percepción pública del cine español. Sus películas conectaron con espectadores jóvenes que anteriormente identificaban el cine nacional con modelos narrativos anticuados.
También transformaron la relación entre cine y cultura popular. La televisión, el cómic, la música y la publicidad dejaron de considerarse influencias menores para integrarse plenamente dentro del lenguaje cinematográfico.
En muchos sentidos, el cine español contemporáneo todavía dialoga con las preguntas planteadas por aquella generación: cómo representar la violencia, cómo construir identidad en una sociedad fragmentada y cómo combinar ambición artística con conexión popular.





