Crítica de Obsession de Curry Barker
Dos fenómenos del cine de terror han arrasado las taquillas y las redes sociales en 2026. Ambas escritas y dirigidas por jóvenes cineastas cuyas carreras dieron sus primeros pasos en canales de Youtube y cuyas óperas primas hablan de temas de actualidad dentro del marco del cine de género. Una es Backrooms, de Kane Parsons y otra es Obsession de Curry Barker, que se estrena pronto en España. Aquí mi crítica de ésta última.
Mientras que Backrooms apelaba a una generación criada en internet, familiarizada con el terror liminal y el creepypasta, Obsession toma una dirección muy diferente. El debut en el largometraje de Curry Barker es un «amor y horror». El terror contemporáneo se ha beneficiado mucho durante la última década con películas como Together (2025), Companion (2025), Sleep o Pearl (2022), que es uno de mis 5 personajes favoritos del cine de terror. De hecho, la película de Barker desmonta el subgénero de la comedia romántica como también han hecho otros filmes recientes. Tal es el caso de The Drama (2026) y Materialistas (2025). Pero aquí todo va enfocado a la mezcla de terror y comedia negra.
La película de Barker no tiene una base como la tuvo Backrooms, que se apoya en una serie de cortometrajes realizados por su director en Youtube. De hecho, viendo los cortometrajes de Barker, es difícil establecer relaciones de temática, estilo y estética con su primera película. Obsession parte de una premisa tan sencilla como atractiva. «Ten cuidado con lo que deseas». Algo que hemos visto previamente, pero en géneros tan diferentes como es la comedia romántica. Por poner un ejemplo, Big (1988) parte de algo similar, pero el tono y desarrollo no puede ser más radicalmente opuestos.
La película cuenta la historia de Bear (Michael Johnston), un joven perdidamente enamorado de Nikki (Inde Navarrette), una amistosa compañera de trabajo. El temor al rechazo impide que Bear se confiese a Nikki, incluso cuando ésta le da pie a ser sincero con sus sentimientos. Es entonces cuando Bear, en un inocente acto de desesperación, rompe un «sauce del deseo», un juguete que promete conceder cualquier cosa, y desea que Nikki se enamore perdidamente de él. Y aquí es donde todo se tuerce, porque no solo el deseo se cumple, sino que Nikki deja de ser ella misma para convertirse en una versión deshumanizada, alocada y peligrosa de la original.
Lo mejor que tiene Obsession es esto: una buena idea. La transformación de Nikki abre las puertas de una relación que Bear no solo no se merece sino que vive con total egoísmo. Él es consciente de que Nikki no es ella misma y que está bajo el hechizo del deseo, y aún así, continúa en una fugaz e intensa relación amorosa. Incluso cuando Nikki empieza a comportarse de forma extraña y agresiva, Bear no hace nada por ella. Y no es hasta que su vida corre auténtico peligro que decide hacer algo al respecto. Por eso, Bear, aunque sea el personaje que acompaña la narración y punto de vista, es el auténtico Villano de la historia y Nikki es quien está viviendo la peor pesadilla de todas.
Esta premisa retrata con brillantez la figura del «chico bueno». El tipo de chico bueno y respetuoso que termina priorizando sus propios deseos al bienestar de la mujer que supuestamente ama con locura. Como bien reza una frase de la película «Solo porque elegiste esto por ella, no lo hace real.» Todo esto viene muy bien camuflado por su parte desde el miedo, la ingenuidad y el escepticismo, pero el espectador no es tonto. Debe entender que Bear es un personaje profundamente negativo. Cuando Nikki se comporta de forma aterradora, Bear le suplica que se comporte como la versión original, como la chica que tenía idealizada. Y es ahí donde Obsession brilla, en su conflicto y crítica.
El problema es cuando hay que contar todo esto. Y digo problema porque no me parece que Barker atine del todo bien. El guion comete algunos errores que podemos asociar a una falta de madurez narrativa. Por ejemplo, los personajes tienden a verbalizarlo todo, incluyendo los temas de la película de forma tan poco orgánica como conveniente. El diálogo peca de ser obvio y simple, para después introducir un largo monólogo con ínfulas literarias y alegóricas que resulta sonrojante cuanto menos.
Los personajes son muy pobres; están definidos con un par de rasgos y piden a gritos algo más de profundidad. Se supone que Bear, el protagonista, tiene algún tipo de depresión, pero esto no es más que una torpe excusa de guion para justificar algunos actos y generar algo de empatía hacia él. Al final, su arco es tan sencillo y poco inspirado que uno se cuestiona el verdadero interés del cineasta en retratar a un personaje como él. Se supone que Nikki es el prototipo de «chica perfecta», pero no sabemos prácticamente nada de ella, salvo que da dinero a un señor que duerme en la calle. Los compañeros de trabajo y sus subtramas son un visto y no visto. Personajes que sirven para un único propósito: crear conflictos que poco tienen que ver con los temas de la película.
Otro problema es que Obsession se vuelve predecible. El director elabora una mezcla atrevida de tonos: el de la Comedia Romántica, que por la naturaleza macabra de los conflictos de la película y la complicidad del espectador se torna en comedia negra, y la Película de Terror. El filme pasa de uno a otro género con gran rapidez gracias a cambios bruscos en la mezcla de sonido y a la excepcional interpretación de Inde Navarrette, capaz de dar cuerpo y voz a este delirio de personaje. El problema es que abusa tanto de este recurso que el espectador termina acostumbrándose a él e identificando un patrón. Cuando insiste en uno de los tonos es porque está a punto de pasar al otro. Así, el momento más pretendidamente sorpresivo de la película se ve lastrado por lo previsible que es.
Hay cierto talento detrás de cámara. Se nota que Curry Barker se ha estudiado el uso de la luz y el encuadre de cineastas como Kiyoshi Kurosawa, del que copia algunos recursos estéticos como ensombrecer el rostro de un personaje o la composición a través de la arquitectura de interiores. Pero narrativamente hablando, Obsession es tremendamente simple. Y peor que eso, es muy efectista. Depende tanto de sus golpes de efecto, cambios tonales y de la interpretación femenina protagonista que se aferra a estos tres de forma desesperada. Su limitación hace que los hallazgos de puesta en escena los contemos con los dedos de la mano, aunque los pocos que hay son bastante potentes.
Obsession resulta decepcionante por la poca profundidad con la que trata un tema tan atractivo y por lo simple y efectista que es en términos cinematográficos. Aún así, es posible que el cine de Curry Barker despegue en una dirección más madura y elaborada. El tiempo dirá.





