La comedia española de la Transición. Mejores películas
En el periodo comprendido entre la muerte de Franco en 1975 y la consolidación de la democracia, el cine español encontró en la comedia un espacio de libertad para expresarse. Repaso a continuación la comedia española en la transición y sus mejores películas.
Las películas que yo destaco no son las únicas en su género y época. Hay, en efecto, otras comedias cinematográficas también interesantes pero las que yo he elegido son representativas de distintos momentos históricos, temáticas y estilos: desde la sátira política del tardofranquismo hasta la celebración hedonista de la libertad cercana a la Comedia Romántica.
Aparte de ser buenas comedias, La escopeta nacional, La vida alegre, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Amanece, que no es poco y Belle Époque están íntimamente ligadas a nuestra historia, sociedad y humor.
1. Mejores comedias españolas de la Transición
1.1. La escopeta nacional (1978) de Luis García Berlanga
La mejor película para entender la España de 1978, dirigida por Luis García Berlanga y escrita por Rafael Azcona.
En la tradición berlanguiana, muestra un ácido retrato de la clase empresarial y política del tardofranquismo, durante el primer lustro de los años setenta. La acción se sitúa en el invierno de 1972, cuando un fabricante catalán se traslada a Madrid con su secretaria y amante para asistir a una cacería pagada por él mismo en la finca «Los Tejadillos», propiedad de los señores Marqueses de Leguineche. El objetivo del protagonista es codearse con la alta sociedad para mejorar su negocio, pero nada sucede como él espera.
Berlanga y Azcona diseccionan las clases altas tras los restos del franquismo. Arremeten sin pudor alguno contra los grandes poderes nacionales que intentan hacer suyo todo lo que tienen a su alcance. El tono satírico refleja una realidad, en ocasiones tan absurda como lo que se representa en pantalla.
De entre todas las virtudes de la película, con un reparto inmenso y unos diálogos envenenados, lo más alucinante es el dominio del espacio-tiempo de la cámara de Berlanga. Su control del Plano Secuencia y el match cut revelan a un cineasta que mantiene la forma años después de sus títulos más famosos e importantes.
1.2. La vida alegre (1987) de Fernando Colomo
Casi una década después han ocurrido muchas cosas en la historia de España. La vida alegre refleja un país muy cambiado que ha entrado de lleno en un proceso de modernización social y cultural. La película sigue a una médica que trabaja en un centro de enfermedades venéreas, lo que da pie a un desfile de personajes del mundo marginal y urbano que están llenos de contradicciones.
La España de mediados de los ochenta es la España de la Movida. Junto a otros fenómenos culturales y sociales, el país experimenta una desinhibición sexual nunca vista. Consecuencia de lo cual, el sida y las enfermedades venéreas se ponen en primer plano social y son abordados en esta historia con humor y naturalidad.
Colomo, el mayor exponente de la Comedia Madrileña, propone una comedia costumbrista con toques de realismo urbano que desvela la tensión existente entre vivir la libertad a tope y la responsabilidad de las relaciones. La narrativa es episódica, casi de sketches, lo que permite retratar una galería de personajes que encarnan la diversidad de la nueva sociedad española. El humor sirve para normalizar temas que siempre fueron tabú en la sociedad española como la sexualidad y la infidelidad.
Colomo representa una transición hacia un cine cercano a la vida real de la España moderna, alejado del barroquismo de Berlanga para acercarse a un realismo desenfadado, influido por la comedia estadounidense independiente.
1.3. Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) de Pedro Almodóvar
Pepa e Iván son actores de doblaje. Él es un mujeriego empedernido y, después de una larga relación, rompe con Pepa: le deja un mensaje en el contestador pidiéndole que le prepare una maleta con sus cosas. Pepa, que no soporta vivir en una casa llena de recuerdos, decide alquilarla. Mientras espera que Iván vaya a recoger la maleta, la casa se le va llenando de gente extravagante de la que aprenderá muchas cosas sobre la soledad y la locura.
El reflejo de un pensamiento habitual en la sociedad. Las mujeres parecen estar al borde del ataque, pero el origen no es otra cosa que la infidelidad y los comportamientos patriarcales. Película que juega con las casualidades y los vaivenes. Su comedia es ácida, mezclando elementos castizos y costumbristas con otros extravagantes, de suspense o incluso melodramáticos.
Dentro de todo lo icónica y referenciada que es, hay momentos que destacan, a pesar de ser detalles intrascendentes. Cuando Carmen Maura va a echar los orfidales en el gazpacho, antes se para un momento y le da un sorbito para saborearlo. Ahí está toda la pasión cotidiana o la cotidianidad apasionada del cine de Pedro Almodóvar.
Su reparto está lleno de estrellas y colaboradores frecuentes del director: Carmen Maura, Antonio Banderas, Julieta Serrano, María Barranco, Rossy de Palma, Chus Lampreave y Kiti Mánver.
1.4. Amanece, que no es poco (1989) de José Luis Cuerda
Considerada una obra de culto, amada y despreciada por igual, esta película rompe con cualquier convención narrativa para adentrarse en el absurdo más radical. Ambientada en un pueblo manchego surrealista, propone una visión onírica y fantástica de la vida rural.
A finales de los ochenta, la democracia ya está consolidada. Esto permite un tipo de humor más experimental, desligado de la urgencia política directa. La película se construye como una sucesión de situaciones absurdas sin causalidad lógica. El lenguaje, los diálogos y la puesta en escena desafían la narrativa clásica.
Cuerda propone una reflexión sobre la identidad española desde el disparate. El mundo rural, lejos de idealizarse, se convierte en un espacio de surrealismo metafísico.
Este director es un poco inclasificable. Ocupa un lugar singular dentro del cine español dado que su obra no busca representar la realidad, sino reinterpretarla desde el absurdo, sin miedo a retorcer todas las convenciones sociales y culturales posibles.
1.5. Belle Époque (1992) de Fernando Trueba
La película transcurre en una pequeña localidad española durante los primeros meses de 1931, en vísperas de proclamarse la Segunda República.
Tras la fracasada sublevación de Jaca, un joven soldado deserta del ejército. En su huida es acogido por Manolo, un artista, que vive aislado de la realidad que golpea España y que le ofrece su ayuda, su casa y su amistad. La llegada de las cuatro preciosas hijas del artista hará que el joven desertor se embarque en una aventura en la que seduce o es seducido por una hermana tras otra.
El advenimiento de la República impregna de optimismo a toda la película, sin presagiar lo que ocurriría unos años más tarde.
Trueba ambientó la historia al comienzo de la Segunda República ya que fue un momento fugaz de ilusión y promesa del paraíso que pronto se desvaneció. Explicó que no quiso en ningún momento que la película fuese un parábola de dicho periodo histórico, ni tampoco que el lugar donde se desarrolla recordase en ningún momento a ninguna región española.
2. Influencia de la comedia española de la Transición en el cine español posterior
Se podría decir que esta selección de cinco películas de cinco directores diferentes ha marcado el terreno para futuras generaciones de cineastas españoles, aunque las comparaciones son siempre peligrosas en el campo de la creatividad.
Luis García Berlanga, con La escopeta nacional, estableció un modelo de sátira política que inspiraría a directores como Álex de la Iglesia, especialmente en su gusto por el caos coral y la crítica social grotesca.
Fernando Colomo y la comedia urbana de La vida alegre anticiparon el cine de personajes y situaciones cotidianas que luego desarrollaría Daniel Sánchez Arévalo.
El estilo estilo visual y conceptual de Pedro Almodóvar es único y ha influido tanto en cineastas españoles como internacionales, en especial a aquéllos que adoptan narrativas personales, introspectivas y estilizadas.
Por su parte, Amanece, que no es poco generó una tradición de humor absurdo que se percibe en obras posteriores como las de Javier Fesser, donde lo surreal se integra en lo cotidiano.






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