Mejores películas de género de la Transición
El fin de la dictadura franquista supuso para el cine español un momento de apertura y experimentación de formatos y temáticas novedosas. Dedico esta entrada a las mejores películas del Cine de Género de la Transición.
En este intenso periodo de la historia de España se produjeron películas de calado político, pero también comedias y adaptaciones literarias. No faltó el cine de género, que es uno de mis preferidos y que alcanzó altas cotas de calidad. Con «cine de género» me refiero, por supuesto, al Thriller, al Cine Negro, al Cine de Terror y al Cine Quinqui.
1. Contexto general: el cine de género en la Transición
Entre 1975 y 1982, el cine español vivió una etapa de indefinición industrial y estética. Por un lado, la apertura política permitió abordar temas hasta entonces prohibidos —sexualidad, violencia institucional, drogas, marginalidad—. Por otro, la industria carecía de un modelo sólido frente al dominio del cine americano. En este marco, el cine de género se convirtió en laboratorio: adoptó códigos reconocibles (thriller, noir, terror) para reinterpretarlos desde una perspectiva local.
El resultado fue un cine muy particular. No se olvida de la política sin dejar de ser estilísticamente audaz. Los cineastas de la Transición no se limitaron a imitar géneros internacionales, sino que los pasaron por su propio tamiz y por el de la historia de España.
2. Las 6 Mejores películas de Género de la Transición Española
2.1. Arrebato (1979) de Iván Zulueta
Iván Zulueta formó parte de la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York, estando en contacto con el arte pop, la Nouvelle Vague y el New Cinema americano. Sus referencias no eran en absoluto cinéfilas, sino que venían de todas partes. Especialmente, de sí mismo.
Originalmente, se concibió como un cortometraje, pero el guion fue ganando en volumen. Cuando un arquitecto leonés leyó el guion y se interesó en la producción, le dio 3 millones de pesetas a Zulueta para que lo rodase en 15 días. Sin embargo, el rodaje se alargó el doble de lo previsto y el presupuesto se disparó a 14 millones de pesetas.
Arrebato es lo que suele llamarse una «película maldita». La escasez de dinero a mitad de rodaje y la anarquía generalizada provocó la huida de varios técnicos, en especial los de sonido, por lo que hubo que redoblar toda la película una vez finalizada. Su estreno fue desastroso y la película se perdió en el olvido, así como la carrera de Zulueta, quien no volvió a rodar. Con los años, el público la ha devuelto a la vida.
Arrebato cuenta la historia de José Sirgado, un director de películas Serie B en plena
crisis creativa y personal por su adicción a la heroína. Su carácter mejora al conocer a Pedro, un joven obsesionado con el cine que experimenta en su finca haciendo cortometrajes. La relación vampírica entre ambos involucra tanto a las drogas como a la cámara de cine. Pedro vive convencido de que las imágenes son capaces de matarle.
Una película de narrativa fragmentada y experimental. Establece paralelismos entre la adicción a la heroína y el cine, como algo que te vacía hasta que no queda nada. La fascinación que despierta esta película es solo comparable a lo retorcido de su argumento.
2.2. El Crimen de Cuenca (1979/1981) de Pilar Miró
Con El crimen de Cuenca, Pilar Miró ofrece uno de los retratos más contundentes de la Transición. Narra los sucesos acontecidos en 1910 en Osa de la Vega. Un pastor conocido como el Cepa desaparece y su familia denuncia a sus dos compañeros. Los acusados son detenidos y brutalmente torturados por la Guardia Civil, aunque mantienen su inocencia hasta que tanto su cuerpo como su mente ceden al dolor. Tiempo después, el Cepa regresa a Osa de la Vega. Se encontraba en un pueblo de la zona cuando se enteró de la noticia de su propia muerte.
La película es un thriller de carácter social y de denuncia. Se convirtió en una de las películas más controvertidas de la Transición.
Las escenas de tortura tan solo son comparables con los más sangrientos títulos del Fantaterror. Fruto de esta brutalidad, la UCD se asusta y el Ministro Ricardo de la Cierva pone la película a disposición de la autoridad militar. Con ello el film quedó secuestrado durante más de año y medio y su directora sometida a un proceso militar.
Finalmente se estrenó a mediados de agosto de 1981, siendo la única película española prohibida durante la democracia, tras la desaparición de la censura. La realidad es que El Crimen de Cuenca se convirtió en un éxito, pese a ser estrenada como Cine S. Consecuencia de su éxito entre el público, la película llegó a recaudar la cifra récord de 461.037.195 pesetas, cuando las expectativas eran de una recaudación en torno a los dos millones y medio.
El Crack (1981) de José Luis Garci
Con El crack, José Luis Garci introduce el Cine Negro clásico en el contexto español. Tras sus primeras películas, Garci quiso hacer un cambio de registro y rendir homenaje al cine negro norteamericano, ya que era muy poco habitual en España.
Narra la historia de Germán Areta, interpretado por Alfredo Landa, también alejado de sus habituales personajes. Un detective privado que investiga la desaparición de una joven. Areta es el estereotipo de detective duro y solitario que mantiene la vida privada separada del trabajo. Únicamente cuando está con su hija, el tono sombrío y fatalista cambia. Una película de gran éxito que en 1983 tuvo su secuela y en 2019 una precuela titulada El Crack Cero.
Se identifican muchas referencias al cine negro estadounidense. Harry el sucio, El halcón maltés, Los sobornados o Fuego en el cuerpo son tan solo algunas de las más evidentes. Garci se trae este universo a España y lo pasa por un filtro castizo, combinando tics habituales del género con elementos propios del cine español de la época.
Se rodó en noviembre de 1980 en Madrid, retratando la ciudad como el Nueva York de las películas americanas. En cierto punto de la historia, los personajes viajan a Nueva York y el equipo se trasladó a la ciudad para rodar sin permisos. La película creó una escuela de cine negro en España.
El pico (1983) de Eloy de la Iglesia
El cine de Eloy de la Iglesia constituye una de las vertientes más radicales del cine de género en la Transición. El pico es uno de los mejores exponentes del Cine Quinqui, centrado en la delincuencia juvenil y la marginalidad.
Dos jóvenes amigos, Paco (José Luis Manzano) y Urko (Javier García), que viven en Bilbao se enganchan juntos a la heroína. Para conseguir su dosis diaria no dudarán en robar, mentir e incluso matar al camello que les pasa la droga. Película que retrata el choque generacional de la época. Ambos amigos proceden de entornos familiares antagónicos: Paco es el hijo de un guardia civil destinado en el País Vasco, y Urko es hijo de un influyente líder político de la izquierda abertzale. Ambas familias y sus padres, al percatarse de la gravedad de la situación de los jóvenes, se verán obligadas a aparcar sus diferencias para tratar de resolver y reconducir la situación.
Estamos ante un retrato crudo y realista del impacto de la heroína en la España de los 80, con un Bilbao lúgubre como escenario. Quizá la película de Eloy de la Iglesia que más emplea el melodrama dentro del cine quinqui, pero con una sensibilidad única y una puesta en escena fuera de lo común en este género. Llega a tratar, tangencialmente, el conflicto vasco desde el choque ideológico y hereditario.
La película fue la más taquillera de su año y una de las más taquilleras de la historia del cine español. En 1984, De la Iglesia estrenó una secuela directa: El Pico 2. Narra las vivencias del protagonista (Manzano) de El Pico en la cárcel tras la muerte de su amigo, pese a los esfuerzos de su padre por alejarle de ahí. También habla de la reinserción fallida de personas como él en la sociedad.
Angustia (1987) de Bigas Luna
Angustia es un claro caso de película dentro de otra película.
La mamá trata sobre John Pressman, un diabético extremadamente miope e incontrolado que trabaja como asistente de oftalmólogo y que se está volviendo progresivamente ciego. Por razones no reveladas, su madre Alice lo hipnotiza y lo induce a asesinar personas para poder arrancarles los ojos y entregárselos a ella. A su vez, vemos a los espectadores de un cine reaccionar con ansiedad y angustia a las imágenes de la mamá. Patty, incapaz de soportarla, huye al baño donde se topa con un verdadero asesino en serie que va matando a los espectadores durante la proyección.
Una de las películas más aclamadas del Neo-Fantaterror. La metaficción provoca que, al igual que los personajes, confundamos las dos líneas narrativas, que acaban dialogando
entre sí. Una experiencia angustiosa y retorcida que recuerda al mejor cine de Brian de Palma.
Una película que combina la Película de Terror de Serie B del subgénero Slasher con un cine de autor más intelectual y teórico. Aunque no tiene miedo de meterse en el fango del cine gore y casposo, el origen de la idea viene de una reflexión filosófica sobre la doble pantalla. El espectador ve a un personaje que, a su vez, ve otra película. Bigas Luna se anticipa a las emociones y sospechas del espectador. El miedo se hace realidad, tanto dentro como fuera de la pantalla.
Influencia del cine de género en el cine español posterior
El legado de estas películas es profundo y múltiple. En primer lugar, consolidaron la idea de que el cine de género puede ser un vehículo de autoría y crítica social. Esta concepción ha influido en cineastas posteriores como Alejandro Amenábar, Álex de la Iglesia o Enrique Urbizu.
En segundo lugar, establecieron modelos narrativos y estéticos que han sido revisados y reinterpretados. El noir de El crack encuentra eco en el thriller contemporáneo; el terror meta-cinematográfico de Arrebato y Angustia anticipa obras posteriores centradas en la auto-reflexividad; el realismo de El pico se prolonga en el cine social de los noventa y dos mil.
Finalmente, estas películas contribuyeron a redefinir la identidad del cine español. Frente a la imagen folclórica o escapista del franquismo, propusieron un cine crítico, complejo y abierto a la experimentación.





