Crítica de Misericordia de Alain Guiraudie
Después de su paso por la 69ª edición de Seminci, llega a las salas españolas Misericordia, la nueva película de Alain Guiraudie, uno de los estrenos de cine francés más interesantes del año. Una historia sobre el deseo contada a través de múltiples capas y cambios de registro. Aquí mi crítica.
En la breve pero intensa filmografía de Alain Guiraudie destaca un título sobre todos los demás. El Desconocido del Lago (2013) es fabulosa. Un ejercicio cinematográfico original, controvertido, provocador y diferente. Su dispositivo voyeur homo-erótico, mostrando el sexo sin pudor, y la forma en la que muta al thriller dejan ver a un cineasta con mucho talento para la puesta en escena. Otra de sus películas destacables es Nobody’s Hero (2022), en el terreno de la comedia urbana alocada, desatada a nivel formal. Ambas son clave para entender su nueva película, Misericordia.
Misericordia es una obra complejísima que luce como si fuera una mucho más sencilla y banal. La estructura de Guiraudie va revelando lentamente sus múltiples capas hasta que, sin que te des cuenta, ésta se rompe y se reconstruye frente a ti.
El planteamiento no puede ser más básico. Jérémie (Félix Kysyl) regresa a su pueblo natal para asistir al funeral de Jean-Pierre, antiguo jefe suyo. Gracias a la hospitalidad de la viuda de su jefe, Martine (Catherine Frot), decide quedarse más tiempo en la casa. Los problemas aparecen a los pocos días, cuando el hijo de Martine, Vincent, sospecha que Jérémie quiere aprovecharse de la soledad de su madre.
El dispositivo de Guiraudie va cobrando sentido a medida que avanza su primer acto, que termina con el asesinato de Vincent a manos de Jérémie en una pelea. La escalada de tensión entre ellos está tan medida como en un thriller rural de Claude Chabrol, donde no sobra ni falta nada.
Aunque se trata de una película que da gran relevancia en los espacios, éstos (el pueblo, el bosque, las casas) nunca son protagonistas. No es el modelo de thriller de As Bestas (2022), por poner un ejemplo, en el que el espacio se erige como un personaje más. Misericordia es mucho más sutil, menos ruidosa y con menos alardes estéticos de los que uno esperaría del género. Solo tenemos a su protagonista, moviéndose por una localidad que no le da la bienvenida y causando conflictos sin buscarlos activamente.
Una vez se produce este asesinato, torpemente ocultado en el bosque, la complejidad se adueña del relato. Lo brillante, lo hilarante incluso, es cómo la puesta en escena sosegada y sencilla no parece hacerse cargo de esta complejidad. Sucedía lo mismo en El Desconocido del Lago, donde el thriller no venía acompañado de un cambio tonal, sino que el mismo estilo y tono acogía cualquier género que surgiera en la narración.
En Misericordia, el thriller brilla casi por su ausencia. Hay tensión, por supuesto, acerca de si pillarán al protagonista o no, pero ésta se va disipando conforme la relación del mismo cambia con los distintos habitantes del pueblo. En ese sentido, recuerda al cine de Bruno Dumont y películas como L’Humanité (1999). Pero, a diferencia de Dumont, la comedia comienza a adueñarse del relato y surge la que, para mí, es la referencia más poderosa. El cine de Luis Buñuel.
Podríamos decir que Misericordia nunca abandona el realismo, y sin embargo se distancia de él para envolver su historia en una atmósfera extraña, inquietante, incómoda, cercana al cuento o la fábula. Esto está reforzado, de nuevo, por los espacios y también por la fotografía de Claire Mathon, DOP de Petite Maman. De forma muy sutil, el pueblo, las casas, el bosque o la iglesia se muestran de forma laberíntica. El bosque parece un lugar abstracto, brillantemente tratado desde lo visual. El protagonista parece encerrado en estos espacios, condenado a deambular por ellos. Este microcosmos, que se desarrolla como una comedia de enredo pero que en realidad es algo mucho más inquietante, recuerda al Buñuel de Viridiana o Tristana. Por no hablar de los personajes secundarios y lo retorcido de sus relaciones con el protagonista.
Hay un momento glorioso protagonizado por Jérémie y el cura del pueblo. El primero se plantea suicidarse debido a la presión que lleva encima por el asesinato de Vincent. El cura, enamorado de él, trata de convencerle de lo contrario. Por un lado, es brillante por las implicaciones con la historia y los personajes (la hipocresía y bajeza del cura es total, capaz de encubrir un asesinato por amor) y por la manera en la que está filmado (un paisaje verde y montañoso, como una absolución pero también una proposición amorosa). También hay otro momento precioso de luz, cuando Jérémie es interrogado por la policía en el bosque y los rayos de sol se proyectan sobre su cuerpo a través de los árboles, modulándose con cada corte y durante cada plano.
Misericordia no es otra cosa que una historia sobre el deseo. Un deseo no correspondido (la madre, el hijo y el cura hacia el protagonista; el protagonista hacia el padre ausente, el hombre solitario y finalmente la madre). Todo gira en torno a este concepto tan hermoso mediante hechos aberrantes, divertidos e incómodos, como solo un gran cineasta es capaz de hacer. La escena final es simplemente brillante en texto y forma, en sus múltiples capas, entre lo cómico y lo bizarro.
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