Luca Guadagnino. Maestro de la sensualidad
Luca Guadagnino ha construido en apenas dos décadas una filmografía que combina sensibilidad y rigor narrativo. Su cine le ha llevado a convertirse en una de las figuras más personales del cine contemporáneo europeo. Dedico esta entrada al Luca Guadagnino, el maestro de la sensualidad.
Este texto recorre sus inicios, su estilo y temas recurrentes, así como sus influencias y colaboraciones clave. Ofrece, además, un análisis fílmico y conceptual de las obras suyas que más me gustan. Finaliza con una reflexión sobre su legado y cómo Guadagnino está marcando a nuevas generaciones de cineastas.
1. Los inicios en el cine de Luca Guadagnino
La entrada de Guadagnino en el cine formal se produce a principios de los 2000, con cortometrajes que exploraban ya sus obsesiones: el cuerpo, la memoria y la intensidad de lo vivido. Su primer largometraje, The Protagonists (2000), es una obra fragmentaria y experimental que reutiliza el material de un crimen real acontecido en Alemania, para descomponer las nociones de verdad y de interés mediático.
Aunque esta ópera prima pasó sin pena ni gloria, supuso un primer gesto autoral significativo: un cine que no rehúye lo real, pero lo pone a trabajar dentro de un tejido poético y personal. Desde sus primeros cortos hasta este debut se revela ya la tensión entre forma y emoción que caracterizará toda su obra.
2. El estilo de Guadagnino: tacto, tiempo y deseo
Hablar de Luca Guadagnino es hablar de sensaciones, porque su cine no se limita a narrar historias: configura mundos sensoriales. Sus planos respiran, su luz acaricia la piel y su ritmo se parece más a la respiración que a un metrónomo tradicional. Este estilo ha sido descrito por algunos críticos como barroco minimalista: imágenes intensas y lujosas en busca de veracidad emocional, sin ornamentación vacua.
2.1. Tacto y corporeidad
En Guadagnino, el cuerpo no es un objeto, sino un sujeto: lugar de deseo, memoria y vulnerabilidad. La cámara no mira, explora: roza, se acerca, acompaña. Ese tacto cinematográfico es central en sus películas, que casi siempre están atravesadas por la experiencia sensorial del deseo y la intimidad. Podemos entender mejor a sus personajes a través del lenguaje no verbal (síntoma de una excepcional dirección de actores) que por sus diálogos.
2.2. El tiempo como textura
Su tratamiento del tiempo se aleja de la funcionalidad narrativa convencional. En sus mejores momentos, el tiempo en estas películas no pasa: se habita. Las escenas no solo enlazan acontecimientos, sino que prolongan estados afectivos. Le interesan los intersticios, los silencios, los pequeños gestos que definen a las personas más que las grandes acciones.
2.3. Bandas sonoras
Su uso de la música (a menudo ecléctica y emocional) estructura afectos en lugar de marcar ritmos tradicionales. Suele colaborar con artistas musicales como Sufjan Stevens (Call me by your name) o Thom Yorke (Suspiria), aunque actualmente ha encontrado dos colaboradores habituales: Trent Reznor y Atticus Ross, el dúo encargado de varias películas de David Fincher y que ahora aportan esa sensualidad y tensión propias del cine de Guadagnino.
Temas habituales en las películas de Luca Guadagnino
A lo largo de su filmografía, se repiten -aunque con variaciones- algunas de sus preocupaciones clave:
- Deseo y afecto: cómo se forjan y cómo se fracturan las conexiones entre los cuerpos y las almas.
- Identidad y pertenencia: no solo sexual o de género, sino también cultural y familiar.
- Dolor y curación: el trauma como fuerza modeladora de la subjetividad.
- Naturaleza y ciudad: el paisaje no es el fondo de la historia, es actor de la misma.
Influencias de Guadagnino: cineastas y movimientos
La obra de Guadagnino dialoga con múltiples tradiciones. En su obra se pueden descubrir ecos de directores europeos como:
- Michelangelo Antonioni: por la exploración de la subjetividad y la alienación.
- Alain Resnais: en la gestión del tiempo y la memoria.
- Pedro Almodóvar: en la intensidad emocional y cierto refinamiento de la sensibilidad afectiva.
- Nuevo cine italiano y europeo: por el énfasis en el cuerpo y la psicología
Colaboradores habituales de Luca Guadagnino
Guadagnino ha trabajado con talentos que contribuyen significativamente a su voz cinematográfica. En ese contexto cabe destacar a James Ivory (guionista de Call me by your name), David Kajganich (guionista de Suspiria y Bones and All) o más recientemente Justin Kuritzkes (guionista de Challengers y Queer)
En cuanto a actores con los que ha trabajado, son relevantes en su obra dos en especial. Tilda Swinton, cuya presencia ha sido recurrente, en tres películas del director, y otros como Timothée Chalamet, que se convirtió en una estrella tras protagonizar Call me by your name. La mejor interpretación de su carrera la dio años después en Bones And All, aunque esta no pasase a la historia.
Mis películas preferidas de Luca Guadagnino
Cegados por el sol (2015)
Un thriller sensorial y veraniego situado en una isla mediterránea italiana donde una pareja se ve alterada por la llegada de un antiguo amor y su hijo. La película despliega una conversación compleja sobre deseo, envejecimiento, culpa y libertad. Guadagnino transforma el paisaje insular en un personaje afectivo: el sol, el mar y el calor se convierten en amenazas tanto como en placeres. La cámara es explícita en sus miradas: no oculta el espectáculo de los cuerpos y las tensiones. La banda sonora funciona como contrapunto emocional. La película juega con géneros (thriller, melodrama) para subrayar la imprevisibilidad del deseo. La primera vez que todos estos elementos comunes coinciden en una misma película del director, pero no la última.
Call me by your name (2017)
Un relato coming-of-age que sigue el verano de Elio, un joven de 17 años que vive un romance con Oliver, un asistente de investigación en la casa de su familia en Italia. La película supuso la consagración internacional de Guadagnino, gracias a su ejercicio de intensidad contenida. Nada se impone, todo se sugiere. Guadagnino capta el florecimiento del deseo adolescente con una elegancia que evita la glorificación nostálgica, presentando el amor como un fenómeno profundamente físico, temporal y destino formativo. El uso del paisaje italiano —luz dorada, texturas sonoras— se convierte en un tercer protagonista. Casi parece estar ante un cuento de Rohmer. Aquí el tiempo funciona como símbolo de pérdida inevitable, y cada encuadre respira una calma ligeramente trágica. Su plano final, un prolongado primer plano del rostro de su protagonista frente al fuego, es historia del cine.
Suspiria (2018)
Remake libre del clásico Giallo de Dario Argento, esta obra mezcla horror, danza y política. Ambientada en una academia de danza berlinesa, la película explora el trauma, la represión del cuerpo y las heridas históricas del siglo XX a través de una trama de brujería. Lejos del estilo pop y ostentoso de Argento, Guadagnino ofrece una Película de Terror más psicológico y corporal. El filme articula un discurso sobre el dolor retenido en los cuerpos, y el acto de liberar ese dolor a través de la danza (literal y metafóricamente). La banda sonora y la fotografía se convierten en fuerzas invasivas, capaces de perturbar al espectador con la misma intensidad que las imágenes. Es una película difícil, profunda y debatida: tanto una reescritura como una expansión conceptual.
Serie We Are Who We Are (2020)
Magnífica incursión de Guadagnino en el serial televisivo. En los ocho episodios de We Are Who We Are sigue a dos adolescentes en una base militar estadounidense, mientras exploran identidad, pertenencia, sexualidad y amistad. Podría decirse que esta serie es la obra más íntima de Guadagnino. La estructura de serie le permite un espacio extendido para descomponer la experiencia en fragmentos afectivos. El ritmo comienza siendo contemplativo, casi literario, para poco a poco ir soltándose y cogiendo carrerilla. La narrativa se construye desde la total subjetividad de los jóvenes, en lugar de una lógica causal tradicional. La serie es un ensayo sobre las zonas grises de la identidad y el cuerpo, y cifra su belleza en la apertura a la incertidumbre. Una obra monumental.
Hasta los huesos (2022)
Un road movie sobre dos jóvenes caníbales que se enamoran mientras huyen por Estados Unidos. Esta obra combina géneros con audacia: horror, romance, road movie y coming-of-age. Posee tanto el romance de Call me by your name como la brutalidad de Suspiria. Guadagnino convierte el terror en metáfora para hablar de soledad, marginalidad y deseo de conexión. El país y sus paisajes, personajes y espacios son un reflejo de lo rotos que están sus personajes. El canibalismo tiene aquí una dimensión vampírica, trágica, de lectura profundamente política. La narración abraza lo grotesco con ternura, ofreciendo una reflexión radical sobre el amor como acto de reconocimiento del “otro”.
Challengers (2024)
Un drama centrado en el mundo del tenis profesional, con giros narrativos que exploran la rivalidad, el amor y la ambición. En Challengers, Guadagnino aplica su sensibilidad al deporte como metáfora de relaciones humanas complejas. Aquí no hay sexo, solo tenis. El tenis se convierte en un campo de batalla emocional donde la competencia y el deseo se entrelazan. La cámara acentúa cada gesto, cada sacrificio físico, para subrayar el precio afectivo de la excelencia y la fama. Es una obra que extiende su interés por el cuerpo en tensión a un contexto más explícitamente competitivo. Su trio protagonista no puede ser mejor: Zendaya, Josh O’Connor y Mark Faist. Y su banda sonora, una de las mejores del siglo XXI.
Queer (2024)
Adaptación de la novela homónima de William Burroughs, escrita a raíz de su experiencia personal como homosexual en el México de los años 50 y el accidental asesinato de su mujer. Una novela tan peculiar como sensorial que Guadagnino adapta con varias licencias (quitando y añadiendo a su gusto). Lee, interpretado por un magnífico Daniel Craig, es un hombre que mendiga amor. Bebe, fuma, se droga y se acuesta con hombres en una espiral de autodestrucción. Todo cambia cuando se enamora perdidamente de un esquivo y muy atractivo joven, con quien emprende un viaje (físico y mental) en busca de Ayahuasca. El surrealismo se adueña de la narrativa, creando imágenes y sonidos que alcanzan la experiencia sensorial más particular de su filmografía. Menos conocida pero igual de relevante que el resto de sus obras.
After the Hunt (2025)
Película en torno a rituales, violencia simbólica y performatividad del género. Una profesora universitaria (Julia Roberts) se encuentra en una encrucijada personal y profesional cuando una estudiante estrella acusa a uno de sus compañeros de trabajo (Andrew Garfield) y un oscuro secreto de su pasado amenaza con salir a la luz. En lo que aparenta ser un thriller en torno al #MeeToo, se convierte en una mezcla de géneros de lo más ingeniosa. La comedia y la habilidad de sus diálogos remontan al cine de Woody Allen. La dirección halla tanto momentos de gran tensión como otros de desbordante sensualidad. Lo satírico se enlaza con lo corporal y lo político con lo sentimental. Una obra muy criticada pero tremendamente valiosa.
Legado e influencias en generaciones posteriores
Como otros directores italianos de gran personalidad (léase Paolo Sorrentino), Luca Guadagnino ha marcado a una nueva generación de cineastas por su apuesta por un cine afectivo donde lo sensorial no es adorno sino constitutivo.
Guadagnino ha mostrado que un cine puede ser elegante y profundo sin sacrificar intensidad emocional, y que la apuesta por lo sensorial no está reñida con el pensamiento crítico. Su obra dialoga con el cine mundial como un puente entre raíces europeas y una sensibilidad globalizada, abierta a los cambios culturales sin renunciar al rigor estético.






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