La Comedia musical. Claves para conocerla
Hablamos de uno de los subgéneros de la Comedia donde la narración se vuelve canto, donde la coreografía sustituye al diálogo y donde la emoción se expresa a través del cuerpo humano. Es, como no, la comedia musical. Veamos las claves para conocerla.
Desde sus orígenes en el Hollywood clásico hasta los ejemplos actuales, este género ha sabido combinar ligereza y sofisticación, espectáculo y comentario social, humor y melancolía. Nada tiene que envidiar la comedia musical a otras formas como el Slapstick o la Comedia Screwball.
En este post os propongo hacer un recorrido por la comedia musical, atendiendo a su nacimiento, su evolución por décadas, sus grandes figuras, su star system, su estilo formal. Veremos la distinción entre comedia y drama musical para acabar con mis comedias musicales favoritas y su repercusión en el cine contemporáneo
1. Los inicios de la comedia musical
Podríamos decir que la comedia musical cinematográfica nace al tiempo que el cine sonoro. Aunque ya existían cortos musicales y experimentos sincronizados en los años veinte, el verdadero punto de inflexión llega con El Cantor de Jazz (1927). Este hito llegó para confirmar a los estudios el gran potencial comercial y narrativo del sonido aplicado al cine. A partir de ahí, las productoras entienden que la Música de Cine en todas sus facetas no es solo un adorno, sino una herramienta dramática y un motor de atracción popular.
En sus inicios, la comedia musical hereda mucho del vodevil, de los espectáculos teatrales de Broadway y de la opereta europea. Los primeros títulos son, en esencia, filmaciones de números representados en el teatro con una mínima justificación narrativa.
2. Evolución de la comedia Musical
Poco a poco, el lenguaje cinematográfico va imponiéndose: la cámara se mueve, el montaje se refina y los números musicales se integran de forma más orgánica en la historia. Ya en los años treinta, la comedia musical se consolida como uno de los géneros estrella del Hollywood clásico, capaz de levantar el ánimo de un público golpeado por las penurias de la guerra y la Gran Depresión a modo de antídoto contra la crisis.
Es la década de Busby Berkeley, de los grandes coros geométricos y de la evasión espectacular. Las tramas son ligeras, a menudo excusas para encadenar números visualmente deslumbrantes. Algunos de ellos son tan sorprendentes que merece la pena detenerse un momento. A este respecto véase el número final de Vampiresas 1933 (1933) que lleva por título «Remember My Forgotten Man» que es toda una carga de profundidad simbólica al puro estilo del cine soviético.
En los años 40 el género se vuelve más elegante y narrativamente cohesionado. Surgen parejas míticas como Fred Astaire y Ginger Rogers, y la comedia musical combina romance, humor y coreografía de salón con una fluidez sin precedentes. En los años 50 se llega a la cumbre de la comedia musical. Los estudios MGM producen títulos icónicos, integrando música, danza y relato con una maestría técnica extraordinaria. Aparecen obras que reflexionan sobre el propio cine, como Cantando bajo la lluvia (1952).
a partir de esos momentos, la comedia musical como tal decae y las obras musicales que se producen suelen ser dramas más grandilocuentes y teatrales, con adaptaciones de Broadway y producciones épicas como Sonrisas y lágrimas (1965). Tendencia que se acentúa en las décadas siguientes.
Las comedias musicales que encontramos en las décadas siguientes como Grease (1978) o The Blues Brothers (1980), suelen tener un alto componente de homenaje o revival del género.
3. Figuras destacadas de la comedia musical
3.1. Busby Berkeley
Es el gran arquitecto visual de las primeras comedias musicales. Sus coreografías filmadas desde el aire, con patrones geométricos y cuerpos convertidos en formas abstractas, redefinieron la relación entre el cuerpo, la danza y la cámara. Más que coreografiar para el escenario, Berkeley coreografiaba para el objetivo.
3.3. Otras figuras de la comedia musical clásica
Hay nombres indisolublemente unidos a la comedia musical. No nos podemos olvidar de Gene Kelly, que además de bailar fue un director innovador en la integración de coreografía y espacio urbano; Stanley Donen, coautor de algunos de los musicales más celebrados; y Vincente Minnelli, maestro del color, el decorado y la psicología visual.
4. Star System de la comedia musical
La comedia musical se sumó a otros géneros y engrosó la lista del Star System Hollywoodiense con sus figuras. Fred Astaire, Ginger Rogers, Judy Garland, Gene Kelly, Debbie Reynolds, Cyd Charisse y otros muchos actores, bailarines y cantantes se convirtieron en iconos no solo por su talento interpretativo, sino por su capacidad para elevar el nivel de las obras en las que participaron.
Estos intérpretes no eran meros actores: eran cuerpos entrenados, voces reconocibles y presencias escénicas que el público identificaba con un ideal de alegría, romanticismo y optimismo. El musical era, en buena medida, un escaparate de estrellas totales.
5. Lenguaje cinematográfico aplicado a la comedia musical
El cine musical ha desarrollado un lenguaje propio. Existen números integrados, donde la canción surge de forma natural en la trama, y números autónomos de gran espectacularidad, que suspenden la lógica narrativa para ofrecer un momento de pura exhibición.
En términos formales, encontramos desde el plano secuencia expresamente coreografiado al estilo de Gene Kelly, hasta el montaje fragmentado y expresivo de Bob Fosse. La relación entre cámara y cuerpo es crucial: en el musical clásico, la cámara respeta el espacio del bailarín. Tanto era así que los bailarines exigían por contrato que se rodaran sus interpretaciones enteras sin ningún corte; en el musical moderno, por el contrario, la cámara interactúa con el cuerpo y el espacio para cortarlo o reinterpretarlo.
6. Mis 10 comedias musicales favoritas
6.1. Calle 42 (Lloyd Bacon, 1933)
Estamos ante el nacimiento de la comedia musical moderna. Una maquinaria visual potente con estructura meta-musical (un musical sobre montar un musical). El coreógrafo Busby Berkeley era el gran maestro de la geometría humana, de las coreografías imposibles y de la cámara omnisciente. Los números son espectáculos autónomos, no integrados en la trama o vinculados psicológicamente a un personaje.
6.2. La Viuda Alegre (Ernst Lubitsch, 1934)
Opereta filmada con el toque Lubitsch en lo que a sofisticación, elipsis, erotismo sugerido e ironía visual se refiere. Como comedia musical adopta un estilo más europeo y cosmopolita y una puesta en escena más teatral y menos espectacular que las obras de B. Berkeley.
6.3. Sombrero de copa (1935, Mark Sandrich)
Protagonizada por dos de las grandes figuras del musical clásico: Fred Astaire y Ginger Rogers, es el ejemplo perfecto del musical romántico de los años treinta. La ligereza narrativa sirve de marco a una química inigualable entre sus estrellas.
6.4. Un americano en París (1951, Vincente Minnelli)
Aquí el musical se vuelve pictórico. Minnelli utiliza el color y el decorado para crear un París idealizado. El largo ballet final es casi una sinfonía visual que funde pintura, danza y cine.
6.5. Cantando bajo la lluvia (1952, Stanley Donen y Gene Kelly)
Un meta-musical sobre la transición al cine sonoro. Cantando bajo la lluvia es una comedia romántica que reflexiona sobre la historia del propio medio. Su famoso número musical bajo la lluvia es una celebración pura del artificio: la coreografía dialoga con el espacio urbano y la música expresa un estado de euforia amorosa.
6.6. Siete Novias para Siete Hermanos (Stanley Donen, 1954)
Michael Kidd usa la danza como lenguaje dramático (el famoso “Barn Dance” no es decorativo: cuenta rivalidades, tensiones sexuales, jerarquías). Una obra profundamente conservadora en términos de género, pero formalmente revolucionaria en el uso de la cámara en movimiento y de los planos largos que respetan el cuerpo del bailarín.
6.7. My Fair Lady (George Cukor, 1964)
Destaca como comedia musical de adaptación literaria. Con un estilo visual más teatral, aborda con gran refinamiento la tensión entre romanticismo y discurso feminista que está en el original de la obra de Bernard Shaw. De alguna forma marca el final del gran musical clásico de estudio caracterizado por el esplendor técnico y su rigidez narrativa.
6.8. Las señoritas de Rochefort (Jacques Demy, 1967)
Estamos ante la comedia musical total que homenajea al musical clásico de la MGM aunque con un toque francés. Los decorados urbanos se convierten en escenarios para el desarrollo de las coreografías y se llenan de colores saturados.
6.9. Grease (Randal Kleiser, 1978)
Una comedia musical pop posclásica en clave de teen movie con alternancia entre números diegéticos (bailes, concursos) y no diegéticos tradicionales. El estilo visual es el del videoclip antes del videoclip: montaje rápido y canciones pop con vida propia.
6.10. The Blues Brothers (John Landis, 1980)
Cine musical en clave posmoderna que rompe con el musical clásico en tono entre parodia y homenaje. La mayoría de los números son diegéticos (conciertos, actuaciones en bares, iglesias), integrados en la trama como parte del mundo real. La espectacular persecución final es digna del mejor cine del Género de Acción.
7. Diferencia entre comedia y drama musical
Aunque comparten el uso de la música como vehículo narrativo, la comedia musical se caracteriza por un tono ligero, humorístico y optimista. Sus conflictos suelen resolverse de forma armoniosa y el espectáculo tiene una función celebratoria.
El drama musical, en cambio, utiliza la música para intensificar el conflicto y explorar zonas más oscuras de la experiencia humana. Ejemplos como Cabaret (1972) o Dancer in the Dark (2000) muestran que una canción puede ser también un grito de dolor o una forma de alienación.
La diferencia entre ambos no es solo temática, sino también tonal y estructural: la comedia musical busca la armonía; el drama musical, la tensión.






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