Ernst Lubitsch. El maestro de la insinuación
Ernst Lubitsch ocupa un lugar especial en la historia del cine. Es un director influyente cuya huella es tan reconocible como difícil de definir. Hablamos de Ernst Lubitsch, director y experto en el arte de la insinuación.
Lubitsch es una figura clave en el tránsito del cine mudo al sonoro y figura esencial del Hollywood clásico, Lubitsch fue un europeo que enseñó a Hollywood a ser ligero sin ser frívolo, inteligente sin ser pedante y romántico sin ser cursi.
Su famoso “toque Lubitsch” no es una técnica concreta, sino una combinación sutil de ironía, elipsis, elegancia visual y sofisticación narrativa que transformó la Comedia Cinematográfica en un arte mayor.
En este post repaso sus inicios, su característico estilo, sus colaboradores más importantes, los temas recurrentes de su obra y un análisis de algunas de sus películas fundamentales, sin olvidar la herencia que dejó en generaciones posteriores de cineastas.
1. Los inicios de Ernst Lubitsch en el cine. De Berlín a Hollywood
Ernst Lubitsch se sintió enseguida atraído por la escena. Se formó como actor bajo la tutela del célebre director teatral Max Reinhardt, figura fundamental del teatro alemán de principios del siglo XX en plena época del Expresionismo Alemán.
Lubitsch comenzó su carrera cinematográfica como actor en cortometrajes cómicos dirigidos por otros, pero pronto se puso detrás de la cámara. Entre 1914 y 1918 rodó una serie de farsas breves en las que él mismo interpretaba a personajes torpes y glotones, anticipando ya su inclinación por la sátira social.
El verdadero punto de inflexión en su carrera llegó con dos filmes históricos de gran presupuesto, Madame DuBarry (1919), conocida en español como Pasión y Ana Bolena (1920). Estas películas -todavía en la etapa del Cine Mudo– tuvieron gran éxito internacional y atrajeron la atención de Hollywood. Tanto es así que en 1922, Lubitsch fue invitado por Mary Pickford a dirigirla en Rosita. Poco después se estableció definitivamente en Estados Unidos, donde comenzó una de las carreras más influyentes del cine clásico.
2. El “toque Lubitsch” ¿Qué es?
Hablar de Lubitsch es hablar del célebre “toque Lubitsch”, una expresión acuñada ya en vida del director y repetida hasta la saciedad por críticos y cineastas. ¿En qué consiste exactamente? No hay una respuesta única, pero pueden señalarse varios rasgos distintivos:
- Elipsis narrativa: Lubitsch prefería sugerir antes que mostrar. Muchos de sus gags y momentos eróticos se construyen fuera de campo, mediante puertas que se cierran, miradas cómplices o simples objetos que cambian de lugar.
- Economía expresiva: cada plano cumple una función precisa. No hay subrayados innecesarios ni excesos melodramáticos.
- Sofisticación moral: sus comedias abordan temas potencialmente escandalosos —adulterio, infidelidad, prostitución, ambición social— con una ligereza que no elimina la profundidad.
- Ironía elegante: el humor de Lubitsch es refinado y casi siempre molesto y hasta cruel con las convenciones sociales.
- Mundo burgués como escenario: la mayoría de sus historias transcurren en ambientes de alta sociedad, palacios, embajadas, hoteles de lujo y apartamentos elegantes, espacios ideales para el juego de apariencias.
Visualmente, Lubitsch no era un formalista radical como Murnau o Eisenstein, pero su puesta en escena es de una claridad y de una inteligencia ejemplares. El movimiento de los actores dentro del encuadre, el uso de puertas, espejos y escaleras, y la composición precisa de los planos funcionan de maravilla para sostener el ritmo de la comedia.
3. Colaboradores principales de Ernst Lubitsch
Aunque Lubitsch fue un autor muy personal, su cine no puede entenderse sin sus colaboradores, especialmente en el ámbito del guion y la música.
3.1. Guionistas
- Sam Raphaelson: su colaborador más importante. Juntos escribieron Un ladrón en la alcoba (1932), La viuda alegre (1934), El bazar de las sorpresas (1940) y El Cielo puede esperar (1943). Raphaelson aportó un humor judío refinado y una comprensión profunda de los conflictos románticos.
- Billy Wilder y Charles Brackett: trabajaron con Lubitsch en Ninotchka (1939) y La octava mujer de Barba Azul (1938). Wilder consideró siempre a Lubitsch su maestro.
- Ernst Laemmle Jr. y otros guionistas de la Universal: colaboraron en las primeras comedias sonoras del director.
3.2. Compositores
- Werner R. Heymann: compositor habitual en los años treinta, autor de memorables canciones para alguna de sus mejores películas.
- Victor Young: compuso la banda sonora de Ninotchka y otras películas.
La música en las obras de Lubitsch no es un mero acompañamiento, sino parte integral de la narración, especialmente en sus operetas cinematográficas.
4. Los temas preferidos de Ernst Lubitsch
En la obra de Lubitsch reaparecen una serie de obsesiones temáticas:
- El deseo y la transgresión: el amor siempre implica una ruptura con las normas.
- La máscara social: casi todos sus personajes fingen ser algo que no son.
- El dinero y el estatus: la comedia surge del choque entre la ambición material y los sentimientos auténticos.
- Europa como fantasía: incluso cuando rodaba en Hollywood, Lubitsch recreaba una Europa idealizada, llena de reinos imaginarios y aristócratas encantadores.
5. Las 6 Mejores Películas de Ernst Lubitsch
5.1. Un ladrón en la alcoba (1932)
Esta comedia romántica pre-Code es un prodigio de ligereza. La historia de dos ladrones sofisticados que se enamoran mientras estafan a una millonaria se desarrolla a través de diálogos brillantes y elipsis visuales. El famoso plano inicial con la puerta cerrada establece el tono erótico sin mostrar nada explícito. La puesta en escena es un modelo de precisión rítmica.
5.2. La viuda alegre (1934)
Lubitsch convierte la opereta en una Comedia Musical de gran sofisticación política y sexual. El guion que adaptó la opereta corrió a cargo del propio Lubitsch y de algunos de sus colaboradores habituales como S. Raphaelson, E. Vajda y M. Achard. Los números musicales no interrumpen la acción, sino que la hacen avanzar. Visualmente, la película juega con decorados fastuosos y encuadres elegantes que refuerzan sus puntos de vista sobre la realeza con ironía.
5.3. Ninotchka (1939)
La célebre comedia en la que “Garbo ríe” es un ejemplo perfecto de sátira política envuelta en romance. Lubitsch contrapone el rígido mundo soviético con la frivolidad parisina. La dirección de actores es clave: Greta Garbo pasa de la severidad al encanto con una sutileza admirable. La puesta en escena utiliza el contraste visual para subrayar el choque ideológico.
5.4. El bazar de las sorpresas (1940)
Una de las películas más humanas y cálidas del maestro Lubitsch. Ambientada en una tienda de Budapest, narra una historia de amor epistolar entre dos empleados que se detestan en persona. Lubitsch equilibra el humor con una elegante melancolía. El uso del espacio —la tienda como microcosmos social— es magistral. Comedia al más puro estilo Screwball.
5.5. Ser o no ser (1942)
Quizá su película más audaz. Es una comedia sobre actores polacos que burlan a los nazis durante la ocupación. Lubitsch mezcla humor negro y tragedia histórica con una osadía sin precedentes. El meta-teatro, las identidades falsas y la ironía moral alcanzan aquí su máxima expresión.
5.6. El pecado de Cluny Brown (1946)
Es su última gran comedia sofisticada e ingeniosa. Una doncella de espíritu libre y apasionada por la fontanería, rompe las estrictas convenciones sociales y de clase mientras entabla amistad con un refugiado checo. La película utiliza el humor y el enredo para criticar el clasismo británico y la hipocresía de la alta sociedad.
6. La herencia de Ernst Lubitsch
La influencia de Lubitsch en cineastas posteriores es inmensa y transversal.
Billy Wilder fue su discípulo más devoto. Películas como El apartamento (1960) o Con faldas y a lo loco (1959) son impensables sin el modelo lubitschiano de comedia adulta. Preston Sturges heredó su gusto por los diálogos rápidos y la sátira social. Howard Hawks tomó de él la idea de la comedia como un juego de inteligencia entre iguales. En Europa, directores de la Nouvelle Vague como François Truffaut y Éric Rohmer admiraron su ligereza moral y su elegancia narrativa.
Más allá de estilos concretos, Lubitsch dejó una lección ética y estética: la comedia puede ser tan profunda y reveladora como el drama más solemne. Su “toque” no es un truco, sino una filosofía narrativa basada en el respeto por la inteligencia del espectador.






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